jueves, 21 de agosto de 2014

Unas tetas nuevas

A mí las tetas me crecieron a lo bestia. Una noche, cuando tenía 8 años, me tumbé boca abajo (postura en la que duermo desde que soy pequeña) y de pronto tuve que levantarme corriendo porque una teta me dolía muchísimo. Avisé a mis padres y cuando me tocaron el pecho notaron un gran bulto, duro y bastante grande que les hizo preocuparse, más que yo. Un pecho tenía un bulto enorme y el otro absolutamente nada. Ante la insistencia de mi padre (hombres, jijijiji), me llevó al ambulatorio a aquellas horas para confirmar que sí, que efectivamente me estaba creciendo el pecho y que, tenía un año para crecer de estatura, porque no tardaría en bajarme la regla. Cosas que dicen los médicos, aunque yo en aquel entonces era de las niñas más altas de la clase y desde luego la más desarrollada y, por desgracia, poco más crecí (ahora soy menudita, como me dice LadyA). La regla bajó poco más de un año después :'( Jamás olvidaré las palabras de aquel doctor.

Así que siempre he tenido buenas tetas, más gordas de lo que me gustarían porque cuando te sales de "lo normal" pues es difícil encontrar sujetadores en las tiendas en las que compran tus amigas, pero tampoco una exageración. De mis amigas era la que más tetas tenía, del círculo de amigas de ahora desde luego me ganan muchas, cómo cambian los tiempos. Pero gracias a la juventud la gravedad no había hecho estragos.

Cuando me quedé embarazada, leía revistas y libros que nada tienen que ver con mis sentimientos y pensamientos de ahora sobre la maternidad y, aunque me creí informada, nada más lejos de la realidad. Recuerdo que embarazada de Bichito hubo gente que me dijo en varias ocasiones que después de dar el pecho mis tetas iban a quedar fatal. Ante aquellos comentarios y, como mi marido se dio cuenta que me empezaba a afectar, me dijo que si después de dar el pecho a nuestros hijos yo quisiera operarme, buscaríamos al mejor cirujano para ello costara lo que costara.

Ains, qué estúpidos éramos entonces. ¿Por qué? Porque en aquel momento en el que todavía no había parido a mi bebé, el pecho sólo tenía connotación sexual y estética, pero una vez que pasó a ser su función primordial que es la de amamantar, aquél pensamiento fue distorsionándose hasta desaparecer.

Pensaréis, ¿a qué viene todo esto? Pues porque un par de conocidas acaban de ponerse un par de tetas nuevas. Y yo las miro, desobedeciendo la ley de la gravedad, duras y colocadas en su justa medida y me miro las mías, llenas de leche, redonditas y cálidas. Que sí, que las tengo caídas, que me pesan un montón y que estéticamente no son perfectas, pero últimamente me las miro y remiro en el espejo o desde arriba y siento amor y ternura hacia mis pechos. Debido a las subidas de leche mi piel del pecho se ha distendido un poco y debido al peso (y a la gravedad) también se ha caído, aunque mi piel sea flexible estos cambios son notables en él.

Todo esto me ha hecho pensar mucho sobre aquella conversación de hace unos años con mi marido y soy feliz tal y como soy. Mis tetas me definen, son parte de la crianza de mis hijos, cada centímetro de su composición es absolutamente perfecta, me generan placer cada día mientras amamanto a mis hijos. Gracias a mis tetas mis hijos han tenido y tienen el alimento idóneo para ellos, en exclusiva hasta los 6 meses y ahora hasta que nosotros queramos. En este momento son unas de las partes más importantes de mi cuerpo, me siento orgullosa de ellas y jamás las cambiaría.

Y vosotros, ¿alguna vez pensasteis sobre este tema?

lunes, 18 de agosto de 2014

Nuestra Primera Vez Solos

¡¡¡¡Hola de nuevo!!!!

Mi blog tiene telarañas, ser madre de tres, mamá trabajadora por cuenta ajena (6:18 horas) y emprendedora en Mamidela no me dejan tiempo para nada y mucho menos para actualizar mi blog. En mi cabeza se suceden los post, que escribo con mi mente mientras paseo, juego, doy el pecho o lo que sea que haga con mis hijos y que se olvidan de la misma manera que vinieron. Ni un segundo utilizo en escribir la idea principal en un trozo de papel o en la nota de mi smartphone, y así me va. Tengo muchas cosas que compartir con vosotros pero mi tiempo escasea y en vacaciones mucho más. Lo siento, pero no doy más de mí. 

Hoy he vuelto al trabajo, a afrontar mi última semana en el cliente y a cruzar los dedos para que el ERE que mi empresa había iniciado, y que al final ha decidido no presentar a la Autoridad Competente, no se reanude. No sé qué será de mí, ni donde terminará mi culo, pero últimamente me preocupa menos de lo que debería. Espero afrontar las semanas que me esperan más tranquila que el año pasado. Mejor no pensar en ello y ser optimista en este momento que los malos ratos ya llegarán por sí solos, si fuera el caso. 

Los que me seguís en mi Fcebook personal y/o mi Facebook blog, o mi Twitter sabréis que la primera semana de agosto la pasamos en Galicia los cuatro solos. Digo solos, y eso que fuimos los cuatro, porque el papi se quedó trabajando, aunque hemos estado muy bien acompañadas por las princesas de O Meu Cartafol. Lo hemos pasado fantásticamente, es el tercer año que les hacemos una visita y seguimos repitiendo, pero al final echábamos mucho de menos al papi. 

Y es por esto último que he elegido el título del post. Alguna vez tenía que llegar, nuestras vacaciones son finitas y las de nuestros hijos mucho más amplias que las nuestras, por lo que mi marido y yo sólo nos solapamos dos semanas al año. Este año decidimos irnos a Galicia sin él y disfrutar de la compañía de una gran amiga y su familia. Me sentí rara, extraña sin él, pero sabía que los niños disfrutarían muchísimo. Gracias a que estaba muy bien acompañada, no sentí demasiado su ausencia en cuanto a brazos, pero sí en cuanto a abrazos. Echaba de menos sus caricias, sus arrumacos y sus besos y mis hijos mucho más. Pero decidimos irnos y lo pasamos genial. 

Son de esas cosas que haces y que piensas, yo sí pero tú no. Allí, tumbada con mis hijos me preguntaba si yo sería capaz de estar una semana sin ellos, de tenerlos a 600 kilómetros y no poder coger el coche y en menos de media hora presentarme a su lado. Por ahora y en este momento de mi vida, no. 

Hasta hace bien poco jamás habían pasado una noche sin mí, excepto las que he pasado en el hospital cuando he parido a alguno de sus hermanos, pero entonces estuvieron con su padre. Hace poco más de un mes pasaron Bichito y Pequeñín la primera noche fuera (sin ninguno de sus progenitores) y el mes pasado se fueron otra vez. Disfrutaron muchísimo y prepararon sus mochilas entusiasmados, pero estaban a 15 minutos en coche de nosotros. Como bien digo, por ahora, yo no sería capaz que pasaran unos días tan lejos de mí. No penséis que esto es una crítica hacia mi marido, no, ni mucho menos, es más un sentimiento personal. Soy consciente de que yo no me encuentro preparada para alejarme de ellos y no sé si en un futuro cercano lo estaré o si alguna vez llegaré a estarlo o tendré simplemente que aceptarlo porque se hagan mayores y no me quede más remedio. 

Ésta ha sido nuestra primera vez solos los cuatro, me consta que mi marido nos ha echado muchísimo de menos, pero se le oía contento después de haber dormido 9 horas del tirón (no tengo ni idea la de años que hace que no las dormía). La experiencia ha sido muy buena, seguramente también porque me han ayudado mucho, y repetiremos en años posteriores. 

Y vosotros, ¿os habéis ido con vuestros hijos solos de vacaciones? ¿Calificaríais la experiencia de positiva?

Nosotros ya estamos en casa y nos pondremos (en cuanto encuentre las fuerzas para ello) a preparar la vuelta al cole de Bichito (que ya tiene ganas), la incorporación de Pequeñín al cole (que con eso de que va su hermana está muy contento) y la vuelta de Canija a la guarde (que ya ha olvidado qué era ese sitio y que nos constará a ambas un triunfo de nuevo).

Y a los que como yo se incorporan hoy,
¡¡¡BIENVENIDOS Y MUCHO ÁNIMO!!!

miércoles, 23 de julio de 2014

Mi Princesa, gracias

Hace tres días fue el cumpleaños de mi Bichito y he tenido que esperar hasta hoy para poder escribir algo y contar cómo me siento. Son en estas fechas señaladas en las que experimento más momentos de autocrítica y soy más consciente del tiempo que ha pasado.

5 años cumplió mi princesa el pasado 20 de julio, 5 años cumplí yo como madre.

Miro a mi princesa, tan dulce, tan cariñosa, tan preciosa y no deja de parecerme un bebé grande al que sus padres (osease, nosotros) le han convertido en una niña con más responsabilidades de las que debería. Mirarla a sus 5 añitos y ver que es la hermana mayor de dos hermanos y que la pequeña ya tiene más de 1 año, me da mucho vértigo y me hace reflexionar sobre si nuestra decisión fue justa para ella. Es la mayor, y aunque no queramos dado que la responsabilidad de sus hermanos es nuestra, se atribuye ciertas obligaciones que otros no la tendrían.

Vela por la seguridad de sus hermanos, con cariño y mucha devoción, porque los quiere con locura y solo hay que verla con ellos para ver lo importante que son para ella.
Marca el camino e intenta que su hermano y su hermana no rompan, no peguen, no ensucien, etc, etc.
Sus hermanos son sus maniquís, no necesita cabezas de muñecas ni muñecos para pintarlos, peinarlos o disfrazarlos, tiene dos hermanos con los que jugar, reír y disfrutar.

La miro enamora de ella, de la niña que es y me encanta ver la vida desde sus ojos tan creativos y despistados. Podría pasarme horas escribiendo sobre ella porque es maravillosa, cada célula que compone su cuerpo es absolutamente perfecta. Me embriaga cada recuerdo suyo, fue la primera de casi todo, la que hizo que yo naciera también aquel 20 de julio.

Y aquí estamos, creciendo las dos, porque yo tampoco soy aquella mujer, ni por asomo. Mucha gente piensa que las personas no cambian, que son en su esencia, la misma. Yo estoy segura que he pasado por muchas etapas en mi vida y que he ido cambiando a lo largo de ella. Pero desde luego el día que nació mi princesa nació otra persona totalmente distinta dentro de mí.

Al principio, era un nudo en el estómago y en la garganta, diciéndome cómo debía hacer las cosas y yo la escuchaba pero seguía rigiéndome por mi cabeza y por aquellas cosas que había leído/oído. Poco a poco, fui dejándola crecer, escuchando cada cosa que me decía, dejando que esa luz embargara mi cuerpo. Mi instinto crecía dentro de mí, arrasando convicciones estipuladas y socializadas, llenando cada cubículo, cada rincón de mi cuerpo y creciendo en mí. Y la dejé crecer, no le puse barreras sino que la ayudé con rampas para que su desarrollo fuera más grande. La permití embriagarme con mi propia esencia, la que nace de las entrañas y su luz inundó mi vida.

Y desde entonces soy feliz, con mis equivocaciones, mis defectos y mis fallos, pero feliz. Con mi falta de sueño, mi culo inquieto, mi vida estresante, pero feliz. Con mi no poder morderme la lengua, mi pasión por las cosas en las que creo, mi carácter directo, pero feliz. Con mis amigos, mi familia, mi marido maravilloso y mis increíbles hijos, pero inmensamente feliz.

Gracias hija mía, se me llena el corazón de alegría sólo con pensar una milésima de segundo en ti, se me llenan los ojos de lágrimas y me emociono porque tengo que darte las gracias cada día de mi vida.

Soy feliz gracias a ti, porque desde que estuviste en mi vientre fuiste tú la que dio comienzo a este cambio, este camino extraordinario en el que me acompañas cada día. Perdón por no escucharme antes y poder disfrutar de la mujer completa y segura con las que se encontraron tus hermanos. Porque tú has sufrido más ese cambio, ese ensayo-error, esas miles de preguntas que siempre me hice y que tú, con el brillo de tus ojos respondiste.

Seguiré creciendo junto a ti y recorriendo este fantástico camino que estamos recorriendo juntas. Y junto a tu padre y a tus hermanos saltaremos todos los obstáculos y seguiremos bañándonos en la felicidad que inunda nuestras vidas.

Gracias mi princesa y Feliz 5 cumpleaños. Te quiero.

lunes, 14 de julio de 2014

Etapa concluída

Dicen que los hijos unen a la pareja, yo no lo creo, creo que la pareja se forja y hay que cuidarla, con o sin hijos. Y creo también que cuando más hay que cuidarla es cuando se tienen hijos, lo cual a veces es imposible e inviable.

Nosotros hemos llegado a ese punto en el que nuestra familia ha quedado construida, en el que hemos encontrado nuestro equilibrio perfecto, nuestro estado ideal. Y eso se nota en nosotros como pareja, que aunque discutamos de vez en cuando, no estemos de acuerdo el uno con el otro, haya cosas del otro que nos molestan y a veces necesitamos un rato a solas para nosotros mismos, nos queremos más que nunca.

Hemos necesitado incluso años para volver a salir solos, para disfrutar de un momento para nosotros dos, pero, por suerte, lo hemos aprovechado. Hace un par de meses salimos a cenar. Canija dormía fatal por entonces y no pudimos nada más que cenar y volver a casa mientras nuestras bocas se abrían, nuestros ojos se cerraban y todas y cada una de las células de nuestro cuerpo se iban durmiendo mientras nosotros intentábamos mantenernos despiertos. No estuvimos fuera ni dos horas, habiendo dejado a Canija dormida, pero nos sentó bien salir un rato y reírnos juntos.

Este viernes ampliamos un poco más y pasamos casi toda la tarde solos, disfrutando el uno del otro, de hacer las cosas sin prisas, de hablar sin que nadie nos interrumpiera, de estar juntos los dos. La casa estaba vacía, había un silencio inmenso y nos sobraban las manos, pero pudimos entrelazarlas juntos y disfrutar del momento en nuestra soledad conjunta.

Yo me siento así, totalmente unida a él con la relación padre-madre pero también como marido y mujer. La relación de pareja hay que cuidarla porque muchas veces se deteriora y no nos damos cuenta que nos afecta negativamente como personas y eso, nuestros hijos lo sufren. A mí estas horas juntos me han sentado de maravilla, me han desestresado, me han aportado más paciencia y me han recargado las pilas. Tanto es así que he notado cómo repercutía en mi estado de ánimo de forma muy positiva y, por lo tanto, también en mis hijos y ellos lo han notado mucho.

Estaba estresada porque el día a día y el cansancio no me permitían sacarle a nuestro día a día ni unos minutos para disfrutarlos juntos. Últimamente acostaba a Canija y me metía en la cama directa, agotada de la vorágine del día a día y sin tomarme ni siquiera un respiro, no sólo para nosotros, sino también para mí misma. Unas horitas a solas con mi marido me han venido fenomenal y a él también. Aún teniendo tres hijos tenemos la gran suerte de tener una hada a la que dar las gracias y que nos ha permitido este momento a solas.

Conozco varias parejas que se sienten completos como nosotros y que gozan de esa serenidad. Y las siento plenas, el uno con el otro, con sus salidas de tono de vez en cuando, sus cabreos esporádicos, pero que comparten esa complicidad y esa seguridad con el paso de los años, el amor y la confianza, dan a la pareja. Debemos cuidarnos como pareja porque no nos damos cuenta muchas veces de la falta que nos hace y dejamos que el día a día nos vaya consumiendo. Debemos de gozar de buena salud en la pareja y lograr un equilibrio no sólo con nosotros mismos, sino también con la persona con la que hemos decidido formar nuestra familia. Es importantísimo mimar este dúo, aunque nos cueste, aunque nos parezca imposible, porque sólo así conseguiremos la plenitud.

Y vosotros, ¿os sentís así? ¿Conseguís a veces poder arañar momentos para vuestra pareja?

miércoles, 2 de julio de 2014

Curas de sueño

La nueva habitación de mis hijos.
La habitación de Bichito, Pequeñín y Canija :)
Si sigues haciendo lo mismo y no introduces ningún cambio en tu conducta el resultado seguirá siendo el mismo, no varía.

Este era nuestro punto de partida: Canija dormía con nosotros y había noches que se despertaba entre 8 y 12 veces, e incluso noches en las que se desvelaba una o dos veces de media hora a dos horas, criminal. Mi marido se había dado por vencido y yo me encontraba cada día más cansada e irascible porque mi bebé no me dejaba dormir y sus despertares nocturnos me generaban muchísimo estrés. Si bien estoy segura que no la ocurre absolutamente nada, que está dentro de su maduración y de que está sobreestimulada por tener dos hermanos pequeños muy activos.

Decidimos intentar algo diferente, algo que obtuviéramos una reacción, a peor o a mejor, pero si no hacíamos nada todo iba a seguir igual y sólo cambiaría a lo largo del tiempo. Hablamos con sus hermanos y les propusimos llevar a Canija con ellos a su habitación, por lo menos hasta el primer despertar, y ellos se pusieron muy contentos.

Existían diferentes reacciones:
  • o se despertaba más veces,
  • o se despertaba las mismas,
  • o se despertaba menos.

Yo tenía claro que en el momento que se despertara me la llevaba conmigo, entre otras cosas porque sigo extremadamente cansada y necesito pegar ojo, aunque sea 20 minutos cada media hora y sigo necesitándola pegada a mí.

Y así su padre subió el colchón de una cama pequeña y probamos. Canija estaba encantada y feliz de irse a dormir con sus hermanos, porque antes cuando la decía "!Vamos a la cama!", ella se iba a la cama de su hermano. Parecía que ella misma quería irse allí a dormir y por esta razón probamos.

La primera noche, a las 2 horas Canija estaba subiéndose a mi cama y cogiéndome la pierna para ayudarse y así conseguir llegar a mí. Ni siquiera tenía que levantarme yo, ella se despertaba de su camita y al ver que yo no estaba, recorría los escasos cuatro metros que separan su cama de la mía e intentaba (la mayoría de las veces con éxito) subir a mi cama. Entonces yo la abrazo, la beso y la doy el pecho y ya nos quedamos el resto de la noche juntitas.

La primera noche la echaba tanto de menos que apenas conseguí pegar ojo hasta que vino. Cada noche, a las 2 horas de haberme acostado yo, 3 después de que se haya dormido ella, Canija viene a mi encuentro y yo me siento feliz al verla. Los primeros días se ha desvelado y la ha costado mucho volver a dormirse, pero lleva dos noches que no se desvela, que viene y se duerme al pecho de nuevo.

Yo sólo pedía que se alargara ese primer despertar y que yo pudiera enganchar tres horitas del tirón, anteanoche fue la primera noche que yo dormí 4:30 seguidas. Alucinante fue darme cuenta que eran más de las 3 de la mañana cuando Canija trepaba por mis piernas en busca de mi pecho. Cómo me sentaron esas 4 horas y media, hacía tanto tiempo!!! Luego, una vez que se queda conmigo, se despierta cada hora, pero si ya he dormido 4 horas y medio me importa un carajo, me da exactamente igual, porque entonces la miro con ternura y la furia y rabia de noches pasadas no tengo que controlarla, simplemente no me sale.

Cama pequeña y litera con escaleras en horizontal, para
que puedan subir sin peligro los tres (Canija también sube)
Dado que ha ido bien decimos entonces subir la cama pequeña completa y dejarla fija. El resultado es el de la foto, junto a Su Litera hemos puesto la camita que utilizó Bichito, de tal manera que Bichito duerme arriba, Pequeñín abajo y Canija en la camita.

Quizá en un futuro podamos invertir en una solución más acorde con ellos, pero en este momento ésta nos vale.

Me siento contenta de haberlo intentado y que esté dando resultado. Ella se va contenta a su camita cada noche, yo la dejo allí dormida y cuando se despierta viene en mi busca. Yo la recibo con los brazos abiertos, los pechos llenos de leche y mis labios llenos de besos, la acurruco en el hueco que deja mi cuerpo en forma de 4 y volvemos a dormirnos juntas. Unos días tarda más y otros días tarda menos, los dos últimos no demasiado. Así que, por ahora, creo que hemos encontrado la fórmula perfecta para nosotras dos y tanto papá como sus hermanos están contentos.

Ningún día ha despertado a sus hermanos porque ella no llora ni me llama desde allí, ella viene a buscarme y se sube trepando por mí. No hemos derramado ni una sola lágrima por el cambio, no hemos forzado nada, sólo hemos decidido probar una fórmula que podría habernos salido bien o mal. Por ahora, en estos escasos 15 días, va bien e igual que utilizo este blog para desahogarme quería compartir esto con vosotros.

Esta no es la fórmula para nadie, es la que está haciendo que yo duerma más sin lágrimas de ambas, sin forzar nada, sin obligar. Yo tenía claro que en cuanto se despertara me la llevaba conmigo, fuera a las 3 horas o a la media hora y así, con las cosas claras, hemos procedido.

Hoy he vuelto a dormir más, no sé a qué hora estaba trepando por mis piernas, pero subió, se acurrucó en mí, agarró su tetilla y nos dormimos pegaditas. Se habrá despertado 3 veces más, pero yo me siento muchísimo más descansada, de hecho me despierto antes que el despertador y mi paciencia no empieza al límite como últimamente.

Ojalá esto continúe, ojalá esto se repita una y otra vez y yo pueda seguir dándome curas de sueño de 4 horas y media :)

miércoles, 25 de junio de 2014

5 Consejos Para No Desesperar Extrayéndote Leche

Yo, en el baño del trabajo, dos veces al día.
Casi 5 años Extrayéndome Leche

1.- Cómprate un buen sacaleches.

A poder ser rápido y que cada vez que te extraes no tardes una barbaridad.
Mejor eléctrico que manual. Para extracciones esporádicas todo vale, pero cuando las extracciones se alargan en el tiempo uno eléctrico es mucho más útil.
Mejor doble que simple. Porque los extractores dobles utilizan el reflejo de eyección para extraer más cantidad de leche de ambos pechos y además en menos de la mitad de tiempo que los extractores simples (lógico, con uno simple al menos tardarías el doble porque tendrías que ponértelo en cada pecho)
Si tiene tecnología doble fase mejor, como imita la tetada del bebé se obtiene más cantidad de leche.
Si tiene batería mejor que pilas, pero si puedes enchufarlo a la corriente, por esto ni te preocupes.

En mi caso, tengo mi Freestyle, el mejor extractor doble portátil del mercado.

2.- Utiliza algún método para tener las manos libres.

Esto es comodísimo porque si mientras te extraes leche estás haciendo otra cosa, el tiempo parece que pasa más rápido. Si, además, lo alargas en los meses, no se te hace tan duro.

En mi caso, utilizo el Top de Extracción Fácil, que como podéis ver, me extrae mientras estoy con el teléfono, ya sea hablando o respondiendo algún mail o buscando algo por internet o leyendo.

3.- Hazte con un bolso grande para transportar todas tus cosas.

Si esto ya lo tienes, fenomenal, pero si además de todas tus cosas tienes que incluir el extractor, mejor un bolso grande para llevarlo todo en él.

4.- No olvides una nevera portátil con acumuladores de frío.

Para transportar la leche de un sitio a otro y no romper la cadena de frío, no olvides llevarte una nevera con buenos acumuladores de frío. Si es pequeña, mejor que mejor, porque quizá puede entrarte en el bolso del punto 3.

En mi caso, utilizo el bolso City-Style que lleva una neverita donde se puede transportar hasta 4 botes de leche de 150ml. A mí me viene fenomenal, porque me cabe en el bolso y lo llevo todo en uno.

5.- Disfruta.

Ríete de la pinta que tienes y hazte una foto como yo, tus amigas alucinarán de tu look.

En mi caso, ni a Madonna le hubiera quedado tan bien como a mí.

Si necesitas algún extractor o alguno de estos artilugios que aparecen en este post, pásate por MAMIDELA. Si además necesitas que te eche una mano, te asesore o te ayude con ello, no dudes en escribirme a info@mamidela.es o construyendounafamilia@gmail.com.

martes, 10 de junio de 2014

Te perdí

Han pasado 9 años y sigo echándote de menos. Sigo viendo a personas por la calle que me recuerdan a ti, como si de pronto fueras a aparecer y darme uno de esos abrazos de oso en los que me sentía segura.

Hicimos muchas cosas mal, entre ellas no pasar más tiempo juntos y ahora ya es demasiado tarde.

Te echo mucho de menos papá y ya hace 9 años que te tumbaste en tu cama a dormir y no volviste a despertar. Así, de la noche a la mañana, sin avisar, te perdí. Y no sólo yo te perdí, porque mis hijos perdieron a su abuelo y tú perdiste a tus nietos.

Hoy lloro de rabia, de impotencia y de tristeza, por no tenerte a mi lado, por notar esa ausencia que ni toda la alegría de estos últimos años ha logrado ocultar.

Hoy tengo un nudo en la garganta desde que me he despertado, siento un vacío enorme en mi corazón.

Hoy es uno de esos días en los que toda la nostalgia por tu pérdida vuelve, donde recuerdo aquel fatídico día, donde rememoro el abrazo de tus enormes brazos y me invade la pena.

Hoy me permito llorar, porque lo necesito, porque cada célula de mi cuerpo siente dolor y no quiero reprimirlo.

Hoy quiero y necesito echarte de menos con cada trocito de mí y lloraré porque mis hijos perdieron un abuelo aquel 10 de junio, porque yo perdí a mi papá.